viernes, 12 de octubre de 2018

El héroe destinado a hacer grandes cosas: Los Troyanos, de Héctor Berlioz I


Si hay algo innato en todo ser viviente es el espíritu de supervivencia. Y es normal que en tiempos de crisis, o de guerra, hagamos todo lo posible para sobrevivir. Empezar de cero es difícil cuando lo has perdido todo, pero mientras estés vivo habrá esperanza. De esto podría ir la ópera de esta entrega.

Los Troyanos (Les Troyans) es una ópera en cinco actos con música y libreto de Héctor Berlioz estrenada parcialmente en el teatro Lírico de París, el 4 de noviembre de 1863 y completa, pero en dos sesiones consecutivas en el teatro Principal de Karlsruhe el 6 y el 7 de septiembre de 1890.

Tiene una duración aproximada de 235 minutos (casi cuatro horas).

BREVES DATOS HISTÓRICOS

Berlioz no fue un compositor que tuviera mucha suerte en el campo de la ópera. Su primer intento, Benvenuto Cellini (1838) no gustó en absoluto y tampoco lo tuvo su segunda ópera, una de sus obras más conocidas, La condenación de Fausto (1846) así que para su siguiente trabajo quiso hacer una gran producción. A Berlioz le apasionaba la obra de Virgilio, La Eneida, y vio que allí había un buen material para su nueva ópera. El resultado fue una enorme obra en cinco actos con escenas de ballet incluido, tomando como base el libro II para los dos primeros actos, donde narra la caída de Troya y los libros I y IV para el encuentro entre Eneas y la reina Dido en Cartago para los otros tres actos. Primero elaboró el libreto entre abril y junio de 1856 y casi al mismo tiempo empezó con la música. Lo primero fue el dúo del acto IV de Eneas y Dido, luego pasó al primer acto, para luego volver a pasar al IV. Terminó de componer la partitura el 12 de abril de 1858, aunque un año más tarde añadiría un pequeño dúo cómico al acto V, así como otros pequeños retoques. En 1861, Berlioz trató de venderla a la Ópera de París para su representación, pero entre que no se llevaba muy bien con los directivos y que ya habían invertido mucho dinero en Wagner con su Tannhäuser y ésta no tuvo mucho éxito, tampoco querían arriesgarse.

Por tanto, Berlioz se quedó con las ganas. Pero entonces, el director del teatro Lírico Léon Carvalho, le propuso que la estrenara en su teatro que además tenía un nuevo edificio (el actual Théâtre de la Ville en la plaza de Châtelet en París), Berlioz aceptó, aunque bueno las cosas no salieron como a él le habría gustado. Para empezar, la obra era realmente larga y Carvalho la dividió en dos óperas distntas. Así, los dos primeros actos, pasaría a ser una nueva obra en tres llamada La prise de Troie (La toma de Troya) y los otros tres formarían una nueva ópera en cinco actos llamada "Les troyans à Carthage" (Los troyanos en Cartago), ala que se le añadió un prólogo. Fue ésta la que se estrenó finalmente en 1863 con un éxito relativo. Hubo críticos que la alabaron y otros que pensaban que era un puto mojón.

Así que Berlioz se tuvo que conformar que ver parte de la obra, ya que en vida jamás vio montado los dos primeros actos y la otra parte sufría algún que otro corte. Años más tarde y con el compositor ya fallecido, hicieron una versión en concierto de La toma de Troya, pero la versión escénica tendría lugar en Alemania, en Kalrsuhe en 1890 y en dos noches consecutivas por problemas de logística. A partir de ese momento, ya empezaron en algunos teatros alemanes sobre todo, a montarla entera aunque con bastantes cortes. En realidad, el primer montaje de la ópera tal y como Berlioz lo había pensado llegó realmente tarde, en Londres, cantada en inglés y en 1947. A partir de entonces, ya se empezó oficialmente a representar los cinco actos, pero pese a todo no es una obra que se vea frecuentemente en los escenarios.

ARGUMENTO

La acción se desarrolla en Troya y en Cartago, en tiempos mitológicos.

ACTO I
El campamento abandonado de los griegos a las afueras de Troya

¡Por fin! Después de diez años, parece que la guerra entre los troyanos y los griegos ha llegado a su fin.Los ciudadanos expresan su alegría por poder salir tranquilos de la ciudad. 

 

Bueno, no todos. Cassandra, hija del rey Príamo y antigua sacerdotisa de Apolo (mezzosoprano o contralto) no está segura del todo y piensa que los griegos traman algo. Entra su amante Corebo (barítono) que la tranquiliza y le aconseja que olvide sus sospechas. Para celebrar el acontecimiento, suena una marcha y aparece Eneas liderando el ejército, así como su padre Anquises con los niños, el rey Príamo y Andrómaca, la viuda de Héctor, valiente héroe muerto a manos del general griego Aquiles (y que éste fue después asesinado por Paris). Entre tanto Eneas se va y se celebran los funerales por los fallecidos. 

Poco después, aparece Eneas (tenor dramático) anunciando que ha ocurrido algo terrible. Los griegos han dejado en la playa un enorme caballo de madera a modo de regalo para los troyanos. Sin embargo, el sacerdote Laoconte ha aconsejado a los soldados de no meterlo en la ciudad y de prenderle fuego y justo cuando él mismo iba a hacerlo, ha sido devorado por dos serpientes marinas. Todos los demás piensan que Laoconte ha sufrido un castigo de los dioses por ser desconfiado, aunque Cassandra no lo tiene muy claro.

 

Eneas sugiere que hay que meter al caballo dentro y dejarlo al lado del templo de Atenea (o Minerva) para así no ofender a los dioses. Todos se van para la ciudad en una solemne procesión. Mientras mueven el caballo, se oye un ruido metálico del interior, lo que confirma las sospechas de Cassandra: El caballo es en realidad una trampa de los griegos y allí están escondidos. Intenta avisar a los suyos, pero nadie le hace caso. Sólo ella es conciente de que la caída de Troya es inminiente.

ACTO II

Escena I: Los aposentos de Eneas

Mientras Eneas está descansando, se le aparece el fantasma de Héctor (bajo) y le ordena que se vaya de la ciudad porque está siendo asaltada por los griegos. Así mismo le dice que está destinado a fundar una gran nación que dominará el mundo, así que le dice que vaya a Italia donde le espera su destino. Entra un soldado, Panteo (bajo) y le cuenta que los griegos estaban escondidos en el caballo. Al anochecer han salido y han invadido la ciudad, asesinando al rey Príamo. Ascanio, hijo de Eneas (mezzosoprano) entra y confirma que el palacio real está en llamas. Todos afirma que pelearán por Troya hasta la muerte y se encomiendan a dios de la Guerra, Marte (o Ares).

Escena II: Salón del Palacio de Príamo

Las troyanas se han reunido y no saben qué hacer. Cassandra anuncia que pronto ella se reunirá con Corebo, quien ha fallecido y convence a las demás que la mejor forma de salvar su honor y su honra es a través de la muerte, de lo contrario sufrirán un tormento a manos de los griegos. 

 

Salvo un grupo de mujeres, que no está por la labor y huye, el resto apoya a Cassandra. Entran los griegos y Cassandra delante de ellos se burla y se apuñala. Las otras siguen su ejemplo y mientras los griegos ven atónitos la escena, Cassandra exhala su último aliento gritando ¡Italia!


ACTO III
Salón del trono de la reina Dido en Cartago


Los cartagineses alaban a su reina Dido, que en tan sólo siete años ha logrado fundar una nueva y próspera ciudad después de que hubiera huido de su Tiria natal.

 

Dido (mezzosoprano) está agradecida a su pueblo y los anima a que la sigan apoyando en el caso de que el rey de los Númidas, Jarbas, amenace sus tierras. Todos juran proteger a la reina Dido, y los distintos gremios profesionales le rinden tributo.

Una vez finalizado la celebración, Dido se queda a solas con su hermana Ana (contralto). Ésta la anima a volver a casarse, pero Dido le dice que permanecerá siempre fiel a su esposo muerto, Siqueo. Poco después entra Yopas, el poeta de la corte (tenor) e informa que acaba de atracar en sus costas una flota extranjera. Dido le dice que les haga pasar y se presenta Ascanio, con el tesoro de Troya, acompañado de su padre disfrazado de marinero  y de Panteo. Ascanio cuenta lo sucedido y Panteo le dice que el destino de su líder es encontrar Italia y fundar una nueva ciudad allí.


Dido les ofrece su amistad y entonces sucede algo terrible: Narbal, ministro de Dido (bajo) entra y anuncia que Jarbas está atacando los campos y están de camino a la ciudad. Eneas, se descubre y le ofrece a Dido su colaboración. Dido acepta y los troyanos parten junto a los cartagineses a defender el territorio.

ACTO IV

Escena I: Un campo (La caza real y la tormenta, pantomima)

Para celebrar la victoria de los cartagineses contra los númidas, Dido invita a Eneas una cacería. Sin embargo, una tormenta obliga a Dido y Eneas a buscar refugio. Allí se hacen amantes. Afuera, las ninfas y los sátiros bailan y se oye una palabra: Italia.

Escena II: El jardín de Dido en su palacio

Ana se encuentra feliz por ver a su hermana de nuevo enamorada, aunque a Narbal no le hace mucha gracia porque ve que la Reina está un poco dispersa últimamente. Llega, Dido acompañada de Eneas, Yopas, Ascanio y demás y para entretenerlos se organiza un ballet.
Después, Dido le pido a Yopas que cante algo y éste acepta, pero la reina se aburre y pide a Eneas que le siga contando su historia y lo que le pasó a Andrómaca. Eneas obedece y poco después todos van dejando a la pareja sola.


La pareja se declara su amor de forma metafórica y se van juntos. Entonces aparece Mercurio, quien recuerda una vez más a Eneas su destino. Italia.

ACTO V

Escena I: El campamento de los troyanos en la orilla

Hilas, un soldado (tenor) canta añorando su tierra. Otros pocos están un poco desilusionados por tener que irse, ya que no viven mal en Cartago, pero tampoco quieren hacer enfadar a los dioses. Entre tanto, aparece Eneas quien ya ha ido escuchando las voces de los dioses que debe cumplir con su misión.

 

Para mayor presión, se le aparecen los fantasmas de Héctor, Cassandra, Corebo y Príamo que le piden que se vaya. Finalmente, Eneas acepta su destino pese a que le hará un enorme daño a Dido. Así que decide irse a escondidas. Sin embargo, Dido lo encuentra y al darse cuenta de que la va a abandonar, lo maldice, pese a las excusas de Eneas de querer ser fiel a los dioses.

Escena II: La habitación de Dido

Dido le pide a su hermana Ana que busque a Eneas y que le convenza de que se quede y renuncie a su misión. Su hermana se siente culpable de haberla animado a volver a enamorarse, pero Dido le contesta que en realidad Eneas jamás la ha amado ya que de haberlo hecho, habría desafiado a los dioses. Ana se va, pero pronto Yopas anuncia que los troyanos se han marchado. Enfurecida, Dido ordena que monten una pira para quemar todos los regalos que se ha hecho los troyanos mutuamente. Luego ordena que la dejen sola.

 

Dido decide acabar con su vida, pero antes se despedirá de su bella Cartago.

Escena III: Los jardines de Dido

Se ha montado una pira funeraria donde se hallan diversos objetos, entre ellos la espada de Eneas. Ana y Narbal maldice a Eneas y los sacerdotes rezan a Plutón. Dido entra, toma la espada de Eneas y profetiza que habrá un héroe, Ánibal, que la vengará.

 

Dicho eso, se apuñala. Mientras agoniza, profetiza el final de Cartago y con un último aliento tiene una visión de la civilización romana. Con esas palabras: Roma, inmortal, la reina muere y todo su pueblo maldice a Eneas y a toda su estirpe.



viernes, 5 de octubre de 2018

La intorencia religiosa: Los Hugonotes, de Meyerbeer II



ANÁLISIS

Los Hugonotes es una obra realmente compleja. Para entenderla bien, primero voy a explicar por encima el hecho histórico de la matanza de San Bartolomé, para después comparar cómo Meyerbeer su equipo de libretistas se basan en ese hecho parar crear lo que en apariencia, es una trágica historia de amor.

La matanza o la masacre de San Bartolomé tuvo lugar principalmente en París, aunque en días posteriores se extendió por otras ciudades francesas, la noche del 23 al 24 de agosto de 1572. Fue el resultado de una decisión del rey Carlos IX por consejo de su madre, Catalina de Médici y no tanto por motivos religiosos sino políticos.

Por aquel entonces Francia sufría una serie de guerras de religión. Dos años antes del trágico suceso que nos ocupa, se había firmado la paz de la Tercera Guerra de Religión (1570) en unos términos que no convencieron a ninguno de los bandos afrentados, los católicos y los protestantes. El término "hugonote" es un término despectivo que los católicos les pusieron a los protestantes franceses que seguían la doctrina calvinista y parece ser que deriva de la palabra "Hugues" haciendo referencia al rey Hugo Capeto, ya que en la primera Guerra de Religión, los protestantes decían ser descendientes de este rey.

La casa real francesa en un principio intentaba alcanzar un punto medio en el que las dos religiones pudieran convivir. De ahí la boda entre la hermana del rey Margarita de Valois (católica) con el rey protestante, Enrique de Navarra. Sin embargo, nadie estaba de acuerdo con esta boda, ni siquiera el Papa. La capital era fuertemente antihugonote, aún no tenían superado las consecuencias de las tres guerras de religión y denunciaban el derroche y el gasto que supondría una boda de ese calibre.

Para complicar más la situación, el Almirante Gaspar de Coligny era el líder del partido protestante. Sufrió un atentado y lo peor de todo es que el rey Carlos IX le tenía mucha estima, lo que provocó los celos de su madre. A consecuencia de ese atentando, los protestantes irrumpieron el palacio pidiendo justicia. Temiendo que eso podría provocar una nueva Guerra, Catalina de Médici sugirió que los protestantes deberían desaparecer. y apoyada por los consejeros católicos, forzaron al rey a tomar la drástica orden de matar a los líderes protestantes... sólo que la cosa se fue de madre y mataron a todo aquel que procesara la religión, incluido a Coligny a quien lo apuñalaron en su casa y luego tiraron su cuerpo por la ventana. Se calcula que murieron aproximadamente unas 3000 personas asesinadas esa noche.

Con este contexto, Meyerbeer nos presenta una historia que, básicamente es un Romeo y Julieta, un amor entre un protestante y una católica que reaccionan ante un serie de hechos que son incapaces de controlar pero que son provocados por una mezcla de un malentendido y el fanatismo religioso. O al menos así lo pinta el libretista Scribe.

Según vemos, el culpable de todo es Raoul por sacar conclusiones antes de tiempo y rechazar públicamente a su prometida, Valentine, porque la ha visto hablar con otro hombre (Nevers) y asumir que es su amante. Claro, si delante de la Reina dices que es un deshonor casarse con una católico cuando minutos antes, le dices que las vas a obedecer en todo, evidentemente se va a liar parda. Y mucho. Destacamos que los hechos históricos se desarrollan al mismo tiempo que los ficticios, pues el asesinato de Coligny, lo cuenta Raoul pero no lo vemos. También algo que sugiere Scribe, pero que tiene parte de verdad es la implicación católica civil al respecto. Aunque hubiera una conspiración política de por medio, París por aquel momento era una ciudad antiprotestante, y ese enfrentamiento lo vemos en el acto tercero, en la escena del duelo cuando las dos facciones se calientan y se insultan.

Aún así, Los Hugonotes no inventa nada que no se haya hecho antes. El año anterior (1835), Hálevy estrenó en la ópera La judía, también con libreto de Scribe y narra también la relación amorosa de dos personas con diferente religión, aunque la trama se parece más a la del Trovador de Verdi que otra cosa (aunque la de Verdi fue posterior), siendo el tema principal de ambas la tolerancia religiosa. En el caso de la obra que nos ocupa vemos el enfrentamiento personificado por dos personas, Marcel y Saint-Bris. Estos dos personajes representan cada uno el sector más fundamentalista de su religión, siendo Nevers el personaje que representaría el punto medio, el aceptable y el que debería haber triunfado pero por desgracia no fue así. Las consecuencias es que Saint-Bris cegado por el odio, acaba finalmente por matar a su propia hija, quien por amor, se cambia de religión.

Sin duda, el gran mensaje que nos quiere lanzar Meyerbeer con esta obra es que la religión no nos define como personas sino nuestros actos. Y es un mensaje que podemos aplicar hoy en día, quizás ya no tanto entre distintas ramas del cristianismo sino con otras religiones sobre todo con el Islam.

A pesar de todo, las razones por la que esta ópera ha caído en el olvido después que en el siglo XIX fuera una obra tremendamente popular y muy admirada por otros compositores. Así, a Verdi le gustaban especialmente el acto II y el IV, y el final de Las vísperas sicilianas, está bastante inspirado en esta obra (normal, el libretista era el mismo) y en La fuerza del destino se canta un "rataplan" que recuerda a la canción hugonote del tercer acto. Wagner, por su parte, también admiraba la obra y se inspiró en la escena del sereno y la escena del conflicto del tercer acto para su obra, Los Maestros cantores (el acto II). Berlioz también alabó la obra. Esto es por citar dos ejemplos conocidos. Las razones por la cual esta ópera no se ve ya tan a menudo en los escenarios son las siguientes:

- La longitud de la obra: Esta es una de las excusas que más fáciles se pueden rebatir, ya que si bien es cierto que la obra es larga, no lo es tanto como las obras de Wagner y sin embargó el alemán es más habitual en los escenarios. Si bien es cierto que la aportación del éste último a la música ha sido más trascendental que la de Meyerbeer, su música es mucho más fácil es accesible.

- Su dificultad: Esto es algo relativo, ya que todo depende de la técnica de cada cantante, pero dentro de su cuerda, los papeles son complicados. Incluso el papel de la reina; aunque no es un papel especialmente largo, si lo comparamos con el de Valentine, ella tiene probablemente la parte más conocida y sus pasajes de coloratura son complicados. Por su parte, Valentine, tiene que afrentar un largo dúo con Raoul, y su tesitura al ser hecha para una soprano con una voz muy concreta, no es fácil encontrar a alguien con su misma tesitura. Quizás la solución a este problema sería arreglar la partitura para las capacidades vocales de los cantantes de hoy en día, lo cual nos llevaría al tercer problema.

- Su elevado coste: La ópera ya fue muy costosa montarla en su día y actualmente también, ya que precisa de muchos recursos. Necesita una amplia escenografría, un coro lo suficientemente grande como para interpretar varias partes distintas al mismo tiempo (soldados católicos y hugonotes), un equipo de cantantes solistas (dos sopranos y una mezzo o contralto, un tenor, dos barítonos y un bajo) para los roles con cierta relevancia y 11 muy secundarios (los típicos de un noble católico, un sereno, una dama de compañía que no tienen ningún aria pero que participan en escenas de conjunto), un cuerpo de ballet y una orquesta en la cual haya un intérprete de la viola d'amore, un instrumento de cuerda en desuso, pero de la época de la trama para el aria de Raoul del primer acto. Sin mencionar, claro, todo el vestuario que hace falta para los intérpretes.Es por ello, que los teatros dejaron de montar este tipo de superproducciones y optaron por otras obras mas "económicas".

A nivel musical, Meyerbeer aplicó lo que había aprendido en su etapa italiana con lo que gustaba a los franceses. Así, en el segundo acto podemos ver una clara influencia en el aria de entrada de la reina, que pese a que tiene un aire francés, recuerda a las típicas entradas del bel-canto, con su cabaletta incluida. Otro aspecto a tener en cuenta y que me parece muy interesante es el uso del canto luterano "Ein ferste Burg" para definir a los hugonotes. Meyerbeer lo utiliza en la breve obertura y parte del personaje de Marcel utiliza este coral como base para sus intervenciones, de hecho, prácticamente todo su papel es una variación de este coral:


Hay versiones mejores de este coral, y si nos ponemos puntillosos, quizás los Hugonotes no hubieran cantado este coral precisamente, ya que ellos seguían la doctrina calvinista más que la luterana, pero teniendo en cuenta que éste es el himno protestante por excelencia y que Meyerbeer era alemán, es muy probable que estuviera familiarizado con la melodía (pese a que era judío). De todas formas, se agradece la intención de darle color e identidad a un grupo a través de una melodía específica, como si de un "cantus firmus" se tratara, esto es una melodía base de un canto que todo el mundo conoce a la cual se le añaden "capas" de nueva música por así decirlo pero que en el fondo se puede aún reconocer la melodía original. Este tipo de composición, era muy usual en la música religiosa antigua (Edad Media y Renacimiento). Este recurso hace que la obra adquiera una originalidad curiosa e invita a los oyentes a introducirse en la trama. Aunque después peca de anacrónico utilizando un minueto en el ballet que abre el último acto, pero está tan bien hecho que se lo perdonamos.

Con respecto a la música religiosa, y a modo de curiosidad en vez del coral luterano, quizás los Hugonotes hubieran entonado esto:


Con todo esto, Meyerbeer nos recuerda un trágico episodio de la historia de Francia, donde por la fuerza un grupo de hombres masacró a otros simplemente porque no estaban de acuerdo en la forma en la que hay que adorar a Dios, y en esa ceguera somos capaces de perder a seres queridos porque realmente olvidamos lo que realmente importa que no es a quien adoramos, sino cómo tratamos al prójimo. Una lección que deberían aprender los fundamentalistas... pero quizás la razón no sea Dios sino otra más terrenal.

De esta ópera saco las siguiente conclusiones:

-Si algún día a la humanidad le diera por sentarse a escuchar a sus semejantes, a ponerse en el papel del otro sin juzgarlo por su color de piel, credo u orientación sexual y no poniendo de excusa la voluntad de un ser todopoderoso que igual ni existe, quizás se acabarían los problemas que tenemos en el mundo.
- Antes de sacar conclusiones precipitadas, pregunta y confirma tus dudas. Las cosas no siempre son lo que parecen.
- Creo en un Dios que creó a los hombres y nos dio el libre albedrío para que en el tiempo en el que estamos en esta vida terrenal seamos felices y que mientras no nos hagamos sufrir entre nosotros, el cómo lo adoremos, si queremos adorarlo no importa. Y creo que no debería importar.

GRABACIONES

CD

A falta de una grabación mejor, sólo hay dos grabaciones disponibles; ésta y la de Joan Sutherland. Ésta es una grabación en vivo y al parecer es la versión más completa que existe. Lo único que no me gusta es el escuchar los aplausos al final de cada número, pero es manía mía. Ni a nivel vocal ni a nivel musical le encuentro pegas. Ésta es la edición actual y no cuenta con libreto, lo cual es una verdadera lástima. Pero no está mal a nivel de precio.

Por otra parte, la versión de Bonynge es una grabación de estudio, algo más breve pero tampoco lo es tanto y parece ser que sí dispone de libreto. El caso es que Sutherland, hace de Margarita, lo cual si la vas a comprar sólo por ella tampoco vas a apreciarla mucho ya que su papel es bastante breve. Es más cara que la anterior, y yo personalmente no la tengo, pero como últimamente Decca están reeditando su catálogo, me esperará a una futura remasterización.

DVD

Tampoco hay mucho donde elegir en el mercado audiovisual. Actualmente tan sólo hay disponible éste y otra puesta en alemán en una versión muy reducida. Esta representación en concreto, es además la última representación que hizo Joan Sutherland, diva australiana, antes de retirarse oficialmente de los escenarios. La calidad de imagen es algo viejuna, pero el sonido es aceptable y la puesta en escena es la clásica, así que es lo más cercano a lo que Meyerbeer tendría en mente. Por cierto, este montaje lo podeís ver en el Youtube.

Teniendo en cuenta que esta ópera ha vuelto a los escenarios de la Bastilla en septiembre de 2018 (la primera vez después de su última representación en el palacio Garnier en 1936) y en la temporada anterior, en Berlín, me gustaría pensar que podrían sacar al mercado una nueva representación. Yo lo compraría sin duda.

Con esto, dejamos esta trágica historia y nos vemos la semana que viene con otra enorme ópera francesa de un compositor nuevo en el blog basada en la mayor epopeya que jamás se haya escrito en latín. Es más yo traduje algunos pasajes en mi último año del instituto. La historia de un hombre que tuvo que huir de su tierra natal y enamoró a una reina mítica. 

lunes, 1 de octubre de 2018

La intorencia religiosa: Los Hugonotes, de Meyerbeer I


La fe es algo curioso. Es toda una virtud que puede hacernos mover montañas, pero también puede hacernos cometer los más terribles crímenes si no somos capaces aceptar otras líneas de pensamiento. De esto, podría tratar esta interesantísma obra.

Los Hugonotes (Les Huguenots) es una ópera en cinco actos con música de Giacomo Meyerbeer y libreto de Eugène Scribe y Émile Deschamps, estrenada en el teatro de la Ópera de París el 29 de febrero de 1836.

Tiene una duración aproximada de 230 minutos. (Tres horas y cincuenta minutos)

BREVES DATOS HISTÓRICOS

Después del éxito obtenido por Roberto el Diablo, Meyerbeer quiso volver a repetirlo componiendo otra obra que revolucionara el panorama operístico parisino. Así que se reunió con Scribe quien con la ayuda de Émile Deschamps, creó una historia de amor inspirándose en la novela  de Prosper Merimée, "Crónicas del reinado de Carlos IX", sobre todo para crear el ambiente del conflicto, ya que los personajes son en cierto modo distintos. De todas formas, Meyerbeer para mejorar aún el libreto, se fue a Italia con su mujer para reunirse con un amigo suyo, Gaetano Rossi quien a su vez era también libretista y con quien Meyerbeer había trabajado en su obra "Il crociato in Egitto".
  
Rossi le dio varios consejos y así Meyerbeer logró que Scribe y Deschamps lo mejoraran. Entre una cosa y otra tardó unos cinco años en completar la partitura. Para los papeles principales, Meyerbeer contó con la colaboración de dos estrellas del momento:
 
Adolphe Nourrit, quien también creó el rol titular de Roberto el Diablo, El Conde Ory de Rossini entre otros, y que en la ópera que nos ocupa cantó el rol de Raoul. Tenía mucho éxito, hasta que vino otro tenor que le quitó el puesto (Gilbert Duprez) y ya desde entonces, su vida fue de mal en peor, cayó en depresión y acabó tirándose por la ventana de un hotel en Venecia. Pero tengo la sensación que esta historia ya la he contado en otra ocasión.

Cornelie Falcon, una soprano con una voz singular que tenía un gran registro en las notas graves y también agudos. Tanto es así, que para ciertos papeles de soprano dramática, algunos musicólogos denominan a esa voz; Soprano Falcon. Ella creó el rol de Alice en Roberto el Diablo, Rachel, en La Judía de Halévy. En este caso creó el rol de Valentine. Como buena figura romántica, su carrera fue corta, terminó a los 23 años años cuando en mitad de una representación de la ópera de Louis Niedermeyer, Stradella, a la pobre le dio un chungo y perdió su voz para siempre. Esa obra en concreto no la conozco.

En cualquier caso, la obra fue un éxito absoluto y en 1903 ya se había representado mil veces. En otras ciudades europeas se modificaron los grupos enfrentados y en vez de católicos y hugonotes, fueron anglicanos y puritanos o simplemente dos facciones políticas, güelfos y guibelinos. A día de hoy, se la considera la obra maestra de Meyerbeer.

ARGUMENTO

 La acción se desarrolla en Francia, en verano de 1572.


ACTO I
Un salón del castillo del Conde de Nevers

El Conde de Nevers, un noble católico, (barítono) se encuentra junto con otros nobles de celebración mientras esperan la hora de la cena. Entretanto esperan a que llegue un invitado, un nuevo amigo del conde, Raoul de Nangis, que acaba de ser ascendido, aunque es un hugonote. Entra Raoul (tenor lírico-spinto), y agradece la buena acogida que ha tenido entre los nobles católicos, aunque hay algunos que se burlan de él.

 

Se juntan todos a la mesa y celebran la buena comida. Al ver a Raoul un tanto taciturno, le preguntan el porqué de su estado y el joven les cuenta que se ha enamorado de una misteriosa joven que ha ayudado del acoso de un grupo de estudiantes.

Una vez terminado el relato, aparece Marcel, viejo sirviente de Raoul y también hugonote (bajo) quien le regaña por estar con los católicos. Raoul le excusa y lo invita a sentarse con ellos. Marcel obedece a regañadientes y entona un canto luterano. Uno de los comensales, el conde Cossé (tenor), lo reconoce de haber luchado contra él en la batalla de La Rochelle y por su culpa lleva una cicatriz. Sin embargo no le culpa y le invita a que cante una canción de guerra más animada.
Entra un criado y anuncia a Nevers que una misteriosa dama quiere verle. Nevers va a su encuentro y Raoul descubre que esa mujer es aquella muchacha de la cual está enamorado y cree que es la amante del conde. Nada más lejos de la realidad. La joven es la favorita de la reina y ha venido por orden de la misma a romper su compromiso que tenía con él.

 
Por otra parte, entra Urbano, paje de la reina (soprano lírica) con una carta para Raoul, que lo invita a una cita en la vieja torre y allí se vende los ojos y se deje llevar. Intrigado por la propuesta, Raoul acepta con el apoyo de todos los presentes.

ACTO II
Jardines del castillo de Chenonceaux


La reina Margarita de Valois (soprano lírica) se encuentra con su séquito cantando y admirando el paisaje, cuando Urbano, su paje le anuncia la llegada de su acompañante favorita Valentine (soprano dramática o Falcon.) La joven habla con la reina y le dice que el conde de Nevers ha aceptado la ruptura del compromiso y le dice que está enamorada de Raoul, aunque no sabe cómo va a reaccionar su padre, el conde de Saint-Bris, un católico fanático. La reina le dice que no se preocupe. Pronto anuncian la llegada de Raoul con los ojos vendados y la reina despide a todo el mundo para quedarse con el joven a solas.

Raoul se queda asombrado al ver a la reina y le jura obediencia. Margarita aprovecha entonces para decirle que el deseo del rey es unir a católicos y protestantes y para ello, le concede la mano de la hija del conde de Saint-Bris, sabiendo que es su enemigo para así unir a las dos familias y terminar de una vez por todas con la enemistad. Raoul acepta y entra toda la corte, tanto los católicos como los protestantes. 



Todos juran eterna amistad, salvo Marcel que no está del todo convencido. Saint-Bris, (bajo-barítono) presente ante todos a su hija, Valentine y cuando Raoul la ve, renuncia públicamente al enlace aludiendo que sería una deshonra (ya que piensa que Valentina es la amante de Nevers.) Todos se quedan horrorizados, salvo Marcel quien aplaude la decisión de Raoul, y están a punto de batirse en duelo católicos y hugonotes cuando la reina intercede y lo impide. En toda la confusión, Valentine acaba desmayándose.

ACTO III
El Prè-aux Clercs (El prado de los clérigos), en agosto

Un día de verano como otro cualquiera. Hay gente que pasea, mientras en un rincón los soldados Hugonotes cantan una canción de guerra. Justo entonces, viene una procesión nupcial ya que Valentine finalmente va a casarse con Nevers. Marcel interrumpe la procesión y empieza los ánimos a caldearse cuando justo entonces viene un grupo de gitanos para montar un pequeño espectáculo (y así de paso ponemos un ballet) 



Nevers sale de la capilla y le dice a su suegro que Valentine se ha quedado en la iglesia para seguir rezando. A la conversación se une Marcel, quien le da una carta de Raoul a Saint-Bris rentándole a un duelo en ese mismo lugar al anochecer. Saint-Bris acepta y uno de sus acompañantes, Maurevert, (bajo) le dice que hay otras formas de matar a un impío. Entre tanto, un alguacil anuncia el toque de queda y todos se van. Maurevert le confirma a Saint-Bris que sus amigos acudirán esa noche para acabar con Raoul. Valentine se entera y va a avisar a Marcel. Éste agradece el aviso y se queda a esperar a Raoul.  
El joven aparece, junto con Saint-Bris. Maurevert, al ver a Marcel le da la excusa perfecta para avistar a los suyos. 

 

A la lucha se unen Hugonotes y Católicos dispuestos a matarse entre sí, cuando finalmente llega la Reina Margarita y detiene la pelea. Marcel explica lo sucedido y explica cómo Valentine le contó la trama que habían planeado Saint-Bris y Maurevert. Llega el cortejo nupcial de Nevers y se llevan a Valentine y mientras una parte de la población alaba la belleza de la novia, otra jura que correrá la sangre.

ACTO IV
Una habitación en el castillo del Conde Nevers

Valentine se encuentra sola lamentándose de su mala suerte. De repente entra Raoul para verla una vez más pero pronto oye a Saint-Bris acercarse y se esconde. Saint-Bris entra en la habitación y convoca a los nobles católicos, Nevers incluido y les revela un plan para acabar de una vez por todas con los hugonotes. Nevers rechaza formar parte del ataque, pues considera una deshonra acabar con la vida de alguien que no sea en justa batalla, así que Saint-Bris lo manda arrestar. Valentina se queda impotente escuchando cómo se va a desarrollar la matanza: unos se dirigirán al hotel de Nesle, donde están todos los Hugonotes reunidos en una fiesta en honor a los reyes y otros atacarán a la casa del Almirante. A media noche, cuando la campana de la iglesia de Saint-Germain suene, comenzará la matanza y el segundo grupo lo hará un poco más tarde.

 

Un grupo de frailes bendice las espadas y todos salen al grito de "Dios lo quiere."
Cuando se van todos, Raoul sale de su escondite y decide irse inmediatamente para alertar a los suyos.

 

Valentine trata de detenerlo, y ruega que se quede con ella para así salvar su vida, confesándole que aún sigue enamorada de él. Se oye la campana que da comienzo a la matanza de San Bartolomé. Pese a todo, Raoul siente que su lugar está entre los suyos y morir con ellos si no puede salvarlos. Se despide de su amada y se va de la habitación saltando por la ventana. Valentine se queda desolada.

ACTO V

Escena I: Salón de baile del Hotel de Nesle


Se celebra un animado baile con los reyes presente. Raoul lo interrumpe y denuncia públicamente que los hugonotes están siendo masacrados y que el Almirante Coligny (líder del partido protestante) ha sido asesinado. Los presentes salen para vengar su muerte.

Escena II: El cementerio protestante de una iglesia. 

Raoul se encuentra con Marcel, herido pero vivo gracias a que Nevers le ha salvado la vida muriendo él en su lugar. Valentine está con él y le da a Raoul un pañuelo blanco para que se lo ponga y pueda pedir asilo al Louvre si abjura de su fe. Raoul rechaza hacerlo, así que Valentina para estar con él decide hacerse protestante. Marcel la convierte y le asegura la vida eterna, mientras se oyen a lo lejos los gritos de las mujeres y niños hugonotes siendo asesinadas por los católicos.



Escena III: Una avenida de París (aunque en algunos montajes se desarrolla en la escena anterior) 

Junto a un grupo de soldados, Saint-Bris ve a los tres y les preguntan quienes son. Raoul se declara Hugonote, así como Valentine y Marcel. En respuesta, Saint-Bris ordena que los disparen a los tres. Cuando se acerca a comprobar que han fallecido, se da cuenta que ha ordenado matar a su propia hija. Urbano anuncia la llegada inminente de la reina, y mientras tanto, la matanza sigue, al grito de Dios exige su sangre.

viernes, 21 de septiembre de 2018

El triunfo de la bondad: La Cenicienta, de Rossini II


ANÁLISIS

Rossini no fue ni el primero ni el último en poner música a la historia de Cenicienta, pero sí es el que le ha dado más fama en cuanto a la ópera se refiere. Años más tarde, Pauline Viardot (hermana de la famosa cantante María Malibrán y toda una personalidad de la sociedad parisina del siglo XIX) hizo una ópera de cámara,  Massenet hizo también su propia versión, Prokofiev haría un ballet, Rodgers y Hammerstein un musical y Disney su famosa película animada, por citar algunos ejemplos.

En cambio lo que si hay que agradecer a Rossini es el cambio de registro a la historia, así como la identidad de los personajes. Para empezar, se deshizo de todos los elementos sobrenaturales para ofrecer al público un relato creíble. Así, cambió también la figura de la madrastra por un padrastro, un tanto patán y menos retorcido que la madrastra original poniendo el toque cómico a la historia. Porque Don Magnífico (y ya el nombre lo dice todo) no es un personaje del todo malvado. Es un idiota con aires de grandeza, que hace todo lo posible por dar a sus dos legítimas hijas (un par de petardas, que también tienen el pavo subido) la mejor vida posible y todo a costa de la pobre Angelina, su hijastra y la verdadera propietaria de todo.

También desaparece el hada madrina y en este caso tenemos un “hado padrino”, que en realidad no es un mago ni mucho menos, sino un hombre sabio, el tutor del príncipe que hace un test de empatía a las hijas de Don Magnífico y sólo Cenicienta pasa la prueba. Es gracias a Alidoro que Cenicienta puede ir al famoso baile, obtiene su vestido y demás. La razón por la cual Cenicienta no pierde el zapato de cristal y al final los amantes se reconocen por un brazalete, se debe a una cuestión de censura. En el siglo XIX, no estaba bien visto que una mujer se descalzara en público, así que la escena en el que una mujer se prueba un zapato podría ser tan escandaloso como si enseñara un pecho. Aparte que el brazalete no lo pierde sino que se lo da ella directamente al príncipe, dando al personaje la oportunidad de tomar la iniciativa en la relación.

Otro aspecto que también me parece destacable es la participación del príncipe. Ramiro interactúa con las tres jóvenes, haciendo su aparición en la obra mucho antes que en el cuento, donde sólo conoce a Cenicienta el día del baile. Es más, Ramiro se enamora de ella desde el momento que la ve toda cubierta de hollín, lo que le da más profundidad al personaje. Se añade también el personaje de Dandini como contrapunto cómico a Don Magnífico. En lo general, el libreto mantiene un buen balance entre el drama y la comedia, pues no olvidemos que pese a todo, Cenicienta es una mujer explotada en su propia casa, pero presentado de forma amable y amena.

En cuanto a la música, nos encontramos con un Rossini en plena forma. No sólo nos encontramos con arias con una coloratura verteginosa, como el rondó final de la protagonista (Non più mesta) o el aria de Ramiro en el segundo acto (Sì ritrovarla, lo giuro), sino también unas magníficas escenas de conjunto, con el característico crescendo que Rossini nos tiene acostumbrados.

Es una ópera que como la gran mayoría se disfruta enormemente en directo. Yo tuve la ocasión de verla montada en el Palacio Garnier en París y lo cierto es que disfruté bastante.

De esta ópera podemos aprender varias cosas:

- Toda buena acción tiene su recompensa, aunque no sea de efecto inmediato.
- No hay que juzgar a nadie por su forma de vestir.
- Hay que tratar a todo el mundo con respecto independientemente de la labor que haga. Nadie es mejor que nadie.
- Quien algo quiere, algo le cuesta.

GRABACIONES

CD

Aunque yo tengo otra edición, la grabación es la misma. Esta en concreto es bastante clásica, tenemos a la gran mezzo Teresa Berganza, pero a pesar del buen reparto no me termina de convencer porque para mi gusto es un pelín lenta. Me gusta más a Claudio Abbado dirigiendo a Verdi que a Rossini, creo que le falta un hervor. Además algunos recitativos están cortados, pero bueno creo que eso tampoco importe mucho. No es mala opción, pero yo prefiero la de abajo.

 Esto es más una cuestión de gustos. Adoro a Cecilia Bartoli y aunque sé que tiene sus detractores, para mí es una mezzo con una técnica impresionante. El tempo de este registro es algo más dinámico y el resto de cantantes, sobre todo el Don Magnífico de Corbelli son bastante buenos. De tener sólo una, ésta es la que yo recomendaría sin dudarlo.

DVD
Como complemento, un montaje clásico de la ópera de Houston con Bartoli a la cabeza, y Enzo Dara como el patán de su padrastro. Para los que se quieran hacer una idea de lo que Rossin tenía en la cabeza cuando escribió la ópera, éste dvd es una prueba de ella.

Sin embargo, yo prefiero esta puesta en escena que tuvo lugar en el Liceu de Barcelona. Realza el lado cómico de la obra con un colorido vestuario y además como toque original han añadido a unos figurantes vestidos de ratones, haciendo un pequeño homenaje a la versión de Disney. En el plano musical, pues tenemos a Flórez que está genial, aunque soy muy poco objetivo porque es uno de mis tenores favoritos y también a la americana Didonato en el papel titular. Muy divertida de ver.

Dejo a Angelina y a Ramiro que coman arroz con perdiz tranquilos y yo lo dejo ya por hoy. La próxima entrega será en octubre y volveré con la obra maestra de Meyerbeer, un enorme espectáculo donde muere muchísima gente.

Nos vemos.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El triunfo de la bondad: La Cenicienta, de Rossini I


Lo bonito que tienen los cuentos de hadas es que al final los buenos siempre ganan. O al menos en la mayoría, pues también los hay tristes y trágicos. Pero nos gusta ver que los buenos valores son recompensados. De eso, va la ópera de hoy.

La Cenicienta (La Cenerentola) es una ópera en dos actos con música de Gioacchino Rossini y libreto de Jacopo Ferreti, estrenada en el teatro Valle de Roma el 25 de enero de 1817

Tiene una duración de 150 minutos (dos horas y media)

BREVES DATOS HISTÓRICOS

La ópera fue un encargo del director del Teatro Valle, para que Rossini repitiera el éxito que tuvo con El Barbero de Sevilla, el año anterior, 1816. Rossini tenía por aquel entonces 25 años y aceptó el encargo. Se le propuso hacer una obra sobre el famoso cuento de Charles Perrault, pero Rossini no quería que hubiese elementos sobrenaturales, así que más que en el cuento, Jacopo Ferreti se basó más en otra ópera que se había estrenado en Milán dos años atrás del compositor Stefano Pavesi, titulada Agatina o la virtù premiata, obra que hoy en día no la conoce prácticamente nadie. Al compositor tampoco.
Rossini tardó aproximadamente tres semanas en componer toda la ópera, aunque para ganar tiempo no escribió una obertura nueva, sino que reutilizó la que empleó en su obra La gazzetta y para la escena final, tomó parte de la música que utilizó en el aria final de Almaviva para El Barbero (Cessa di più resistere) que, a su vez ya había sido reciclada de una cantata que escribió años atrás, Le nozzi de Teti e Peleo, para ser más exactos.

También le pidió a un colega suyo Luca Agolini, que le ayudara escribiendo los recitativos secos, un aria para el personaje de Alidoro y Clorinda y un coro que servía como introducción al acto segundo. Así, y con el titulo La Cenerentola ossia la bontà in triunfo (La Cenicienta o El triunfo de la bondad) subió a los escenarios y... lo cierto es que no gustó demasiado. Dos años más tarde, Rossini reemplazó el aria que escribió Agolini por una suya debido a que en esa producción cantaba un bajo que le gustaba especialmente y ya fue cuando realmente pegó el pelotazo. Actualmente, los añadidos de Agolini se omiten, salvo los recitativos que aún se conservan.

Esta obra sería la última gran ópera bufa que Rossini escribiría para Italia, ya que la siguiente, Adina o El Califa de Bagdad la compondría para Lisboa (una obra totalmente olvidada.) Habría que esperar a 1825 para que Rossini nos brindara otra obra de este género: El viaje a Reims. Pero eso ya es otra historia que quizás algún día os cuente.

ARGUMENTO

La acción se desarrolla en Salerno, Italia, a finales del siglo XVIII o finales del siglo XIX. 

 

ACTO I 

Escena I: Salón de la casa de Don Magnífico

Érase una vez, hace mucho mucho tiempo... o igual no tanto, vivía en un decadente palacio una joven llamada Angelina, aunque en su casa la llaman Cenicienta (Cenerentola) porque siempre está cubierta de hollín, ya que es obligada a trabajar como la sirviente de sus dos hermanastras, Clorinda (soprano ligera) y Tisbe (mezzosoprano) y de su padrastro, el déspota Don Magnífico (bajo-bufo). 

Amanece un nuevo día y las dos hermanas se visten y presumen frente al espejo. En cambio, la pobre Cenerentola (contralto o mezzosoprano) está en un rincón junto a la chimenea y canta una triste balada sobre un rey que elige la bondad y la inocencia frente a la belleza. 



A las dos hermanas les molesta y la mandan callar, aunque Cenerentola las ignora y sigue a su ritmo.

De pronto llaman a la puerta y entran un mendigo pidiendo limosna.Tanto Clorinda como Tisbe, lo insultan y tratan de echarlo, pero Cenerentola se apiada de él y le deja pasar y le da un poco de pan y café. En realidad, ese mendigo es Alidoro (bajo), el consejero del Príncipe Ramiro que está recorriendo el reino buscándole una buena candidata a ser su esposa. Viendo el resultado se va y vuelven a llamar a la puerta, pero esta vez es un grupo de cortesanos que anuncian a las hermanas que se va a celebrar un baile en el palacio del príncipe y todas las doncellas en edad casadera están invitadas a él. Las dos hermanas se ponen nerviosas y empiezan a dar órdenes a Cenerentola a diestro y siniestro, para desgracia de la pobre chica. Luego, Clorinda y Tisbe van a avisar a su padre, Don Magnífico, a quien despiertan y éste se queja porque estaba teniendo un buen sueño.  Pero se le pasa pronto cuando sus hijas le cuentan la nueva. 

Entre tanto, entra en la casa un joven vestido con ropa humilde. En realidad, ese joven es el Príncipe Ramiro (tenor ligero), que se ha acercado a la casa ya que Alidoro le ha dicho que allí vive la que podría ser su esposa, que es una de las hijas de Don Magnífico. A fin de que la chica que quiera ser su esposa lo ame por lo que es y no por su título, ha intercambiado su ropa con la de su escudero, Dandini (barítono). 

 

Se encuentra con Cenerentola y ambos se sienten atraídos a primera vista.

Entre tanto llega Don Magnífico y Don Ramiro se presenta como un sirviente del príncipe quien pronto se va a presentar en la casa, para llevarlas directamente al Palacio. Don Magnífico avisa a sus hijas y en poco tiempo se presente el falso Príncipe y las dos hermanas se pavonean ante él. Cenerentola le pide a su padrastro permiso para ir, pero éste se lo deniega. En ese momento entra Alidoro con el registro y le exige que se presenten las tres hijas. Don Magnífico afirma que sólo tiene dos, ya que una murió y cuando Cenerentola va a replicar que eso no es cierto, la amenaza para que se calle. Alidoro, se muestra ofendido, pero de momento no hace nada. 

Se van todos dejando a la pobre Cenerentola sola. Vuelve a presentar Alidoro, vestido de mendigo otra vez y en agradecimiento por haber sido bueno con él, le dice que él la llevará al baile. 

 

Al principio la joven no se lo cree, pero cuando se quita el disfraz, lo reconoce como al consejero del rey. Los dos se van juntos al baile.

Escena II: Salón del palacio de Don Ramiro

Dandini están enseñando el palacio a Don Magnífico y sus dos hijas. Envía al viejo a las bodegas y se queda solo con las jóvenes, quienes tontean con él y siguen su visita. 
Entre tanto, los cortesanos alaban el buen conocimiento que tiene Don Magnífico sobre los vinos y se divierten a su costa. Por su parte, Clorinda y Tisbe siguen coqueteando con Dandini quien les dice que pese a que las dos son muy hermosas, no puede casarse con las dos así que sugiere que aquella que él no elija se case con su escudero. Las dos hermanas se enfadan con la propuesta ya que consideran al escudero que es  vulgar y con poca clases (todo ignorando que están rechazando al propio príncipe.)

 

Entre tanto, Dandini y Ramiro logran quedarse a solas y éste le pregunta al otro qué tal son, a lo que Dandini responde que ninguna de ellas es apta para ser su esposa. Ramiro se pregunta entonces a quién se estaría refiriendo Alidoro, pues según él una de las sus hijas era bastante virtuosa. Se acerca el momento de ir a cenar y entra Alidoro, anunciado que se ha presentado una noble desconocida cuyo rostro está cubierto por un velo. Se reunen todos y poco después aparece Cenerentola, totalmente irreconocible y anuncia que sólo tomará como esposa a aquel hombre que le ofrezca respeto, amor y bondad. Cuando se descubre todos se quedan asombrados por la belleza de la joven. Don Magnífico, ve un enorme parecido con Cenerentola, así como Clorinde y Tisbe.

 

Cada uno expone su opinión sobre la situación y se van todos a cenar.

ACTO II

Escena I: Una habitación del palacio del príncipe

 

Don Magnífico está preocupado por la posibilidad de que la joven desconocida conquiste al príncipe, aunque sigue confiado que escogerá a una de sus dos hijas y esperando a que lo haga, ya que él se ha gastado todo el patrimonio de Angelina para vivir en el lujo y que con ese enlace podrían volver a tenerlo. Se van y entra Cenerentola huyendo de Dandini quien le está haciendo la corte. Ella finalmente acaba por decirle que ella está enamorada de su escudero, para mayor alegría de Ramiro, que aparece y acepta sus sentimientos.  Sin embargo, le dice que ella sólo tiene para ofrecer virtud y amor. Le entrega un brazalete, quedándose ella con el gemelo y le dice que la busque para que compruebe su verdadera fortuna. Y si cuando la vea, aún siente lo mismo que ella por él, entonces será suya. La joven se va y Ramiro, da por finalizado el juego y vuelve a recuperar su identidad como príncipe. 



Reune a un grupo de hombres y jura mover cielo y tierra para encontrar a la dueña del brazalete.

Entre tanto, Don Magnífico se encuentra con el falso príncipe y le pregunta con quien de sus dos hijas se va a casar. Dandini le confiesa que él no es el verdadero príncipe y que todo ha sido una farsa. 

 

Don Magnífico se enfada y Dandini lo echa del palacio.

Escena II: Salón de la casa de Don Magnífico

Cenicienta vuelve a sus harapos y sigue entonando su triste canción. Entran Don Magnífico junto a las hermanastras quienes le ordenan con muy malas formas que haga la cena. Cenerentola obedece y se van. 

 

Estalla una tormenta y a consecuencia de ello, Ramiro y Dandini se ven obligados a buscar refugio en la casa de don Magnífico porque su carroza se ha roto. A pesar de todo, Don Magnífico les da la bienvenida y ordena a Cenerentola que le acerque el sillón al príncipe. Ésta pensando que es Dandini se lo acerca a él, pero su padrastro la corrige y señala a Ramiro. Cuando ella lo ve, se asombra y le enseña el brazalete, haciendo que Ramiro la reconozca al instante.


Así Don Ramiro, declara ante todos que Cenerentola será su esposa, hecho que enfurece a Don Magnífico y a sus dos hermanastras, quienes la amenazan. Don Ramiro les adviert con tomar represalias si no la dejan en paz, pero Cenerentola los perdona. Cuando Don Magnífico le pregunta la razón por la cual no ha elegido a una de sus hijas, Ramiro les dice que para ellas él era un indigno y un plebeyo. Ramiro se lleva a Cenerentola a palacio y entra Alidoro, quien recuerda a las hermanas que un día él vino a su casa pidiendo limosna y la única que lo trató bien fue su hermana Angelina. Les aconseja que pidan perdón a Cenerentola, pues ahora va a ser su reina. Clorinde no está muy por la labor, pero Tisbe, más pragmática está dispuesta a hacerlo. Así Alidoro se muestra satisfecho por cómo ha terminado todo.

Escena III: Salón del trono

Ramiro presenta ante todos a Angelina. Entre los presentes están Don Magnífico y sus dos hermanastras. 

 

Ante todos, Angelina los perdona diciendo que ésa es su venganza y expresa su alegría mientras todos alaban la bondad de la joven. 

Y colorín colorado este hermoso cuento ha acabado.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Como la vida misma: El tríptico, de Puccini II


ANÁLISIS

El tríptico son tres óperas pero concebidas como si fuese una sola. Esa fue la idea de Puccini, pero que en la actualidad, es bastante común verlas por separado, ya que en realidad la gran mayoría del público solo tiene interés por una sola: Gianni Schicchi. 

De esa ópera, tenemos la famosísima aria de Lauretta "O mio babino caro", aria que toda soprano que se precie tiene en su repertorio e incluso yo mismo, en la tercera audición que hice en la Escuela de Música donde estudio, la interpreté con el violín. Así pues, tuve interés en saber más de las otras dos y me llevé una grata sorpresa.
Cada ópera no llega los sesenta minutos siendo la más larga Suor Angélica, y la más corta Il tabarro, aunque la diferencia entre las tres es mínima. Minuto más minuto menos.

Dado que aunque las tres forman un bloque, de acuerdo a lo que una vez oí decir en una entrevista al director de escena Giancarlo del Monaco, cada una requiere el mismo trabajo que una ópera tradicional, así que voy a hablar de ellas por separado. Empezaré por el mismo orden que deberían ser representadas:

1. Il tabarro

Esta obra sigue prácticamente el camino que establecería Leoncavallo cono Pagliacci: una obra totalmente verista. La realidad sin complejos y sin belleza ninguna. Una exposición de las miserias humanas reflejadas en unos personajes de clase obrera que tratan de sobrevivir en un mundo que no le es especialmente justo. 
Todo se desarrolla en un espacio poco común, como es el de una barcaza que recorre el Sena. En poco menos de una hora vemos a una mujer que va buscando por las basuras, otro que se emborracha para olvidar lo miserable que es su vida y entre medio un triángulo amoroso compuesto por el jefe del cotarro: Michele, su mujer más joven que él ,Giorgetta, y el joven Luigi. Podemos saber que Luigi no tiene donde caerse muerto y es un hombre sin oficio ni beneficio. Giorgetta por su parte, es una mujer traumatizada por la muerte de su pequeño y resignada a vivir una vida que no le gusta en absoluto con Michele, el patrón. 

Como la obra es muy corta, no llegamos a conocer la vida de los personajes, pero con lo que oímos en la música y a través del texto, vemos que hay una tensión constante. Y como en toda obra verista pues acabará con un asesinato pasional, el marido matando al amante. Todo muy brutal y muy al gusto de la época, aunque al director Arturo Toscanini no le gustaba esta obra,  ya que la consideraba de mal gusto.  A nivel musical es interesante y podemos oír como Puccini juega con los volúmenes de la orquesta en los momentos culminantes, como al final del dúo de amor entre Giorgetta y Luigi, cuando éste dice que estará dispuesto a derramar sangre por ella.  

Y es que este París, no es el París que habíamos visto en La Bohème, una  ciudad donde los sueños pueden hacerse realidad y el amor se respira en el ambiente. En absoluto. Este París es más oscuro y sombrío y eso lo refleja la música perfectamente. Es quizás la obra más violenta de Puccini.

2. Suor Angelica

A continuación le sigue la historia de la pobre monja. Es la única ópera que no cuenta con ningún papel masculino y pese a que hay muchos papeles, en realidad la acción sólo desarrolla dos: Suor Angélica y su tía. Cabe destacar que el papel de la tía es el único papel importante que Puccini escribiría para una contralto.

Seguimos viendo las miserias humanas, pero esta vez se nos muestra en una doble vertiente. Por un lado, vemos la rutina de un convento de monjas, para la cual Puccini fue a visitar a una hermana que era abadesa un convento y cuando terminó la ópera, la interpretó al piano para la congregación. 

Reflexionando sobre el argumento, Puccini había escogido esta obra como metáfora del Purgatorio ya que Sor Angélica no está allí por sincera devoción, sino por expiar un pecado que a ojos de la sociedad era intolerable como es la de tener hijos fuera del matrimonio. Esa sociedad estaría representada por la infame tía, desagradable y antipática como ella sola, pero que tan sólo es el reflejo de esa sociedad hipócrita y cruel que condena al exilio a aquellos que no siguen sus normas. Por eso podemos entender la reacción de la monja, ella está allí por su hijo y al enterarse de que su hijo está muerto, ya siente que su culpa está expiada. Por eso podemos entender las razones que la llevan a su triste final: Sor Angélica no tiene ningún motivo para seguir viviendo.  En esto vemos bastantes semejanzas con otros dos roles de Puccini: Giorgetta, porque al igual que ella, sabe lo que es el dolor de perder a un hijo, y Butterlfy porque es una mujer a la que no sólo abandonan sino también le arrebatan a su hijo.

En cierto modo, es una muerte de amor lo que sufre Angélica, un amor por su hijo y al igual que otras heroínas trágicas decide ir a su encuentro, pues al fin y al cabo quien nos ha de juzgar es Dios y al parecer, Él la ha perdonado. 

De las tres, ésta era la favorita de Puccini. Quizás porque le recordaría a su hermana que estaba en el convento. Quizás porque Angélica es una mujer como las que él suele describir, buena, dulce que no se merece nada malo y sin embargo las circunstancias se ceban con ella.  

A nivel musical es la más dulce de las tres. Pese al gran momento de tensión que encontramos en el dúo de la tía y la monja, el resto es bastante agradable de escuchar. Aquí se encuentra el aria "Senza Mamma", que es un gran reto interpretativo y es otra de las grandes arias que Puccini escribió para una soprano. 

Una obra poco conocida, pero muy a tener en cuenta. 

3. Gianni Schicchi

Llegamos a la joya de la corona por así decirlo. Schicchi es una rareza en lo que a Puccini se refiere ya que nos ha hecho llorar durante toda su carrera y de pronto nos sorprende con una comedia bastante gamberra. O al menos, todo lo gamberro que se podía ser a principios del siglo XX. 
De nuevo, vemos reflejada la hipocresía de la sociedad y las miserias humanas pero esta vez desde un punto de vista más cómico. Aquí todos los personajes van cada uno por su lado y vela por sus propios intereses, así que no es de extrañar que Schicchi reaccione como lo hace cuando en un principio rechaza ayudar a los Donati. Esta lucha por la discriminación entre diferente clases sociales no es un tema nuevo, pues ya lo habíamos visto en Mozart con Las Bodas de Figaro, por poner un ejemplo.

Es una obra pensada para el mayor lucimiento del barítono protagonista, si bien la soprano tiene su gran momento con su aria "O mio babino caro" y el tenor también tiene la suya. El resto de personajes, que son un montón, en realidad funcionan como si fuese uno solo, pues en el fondo es todo un diálogo entre Schicchi, y ellos. No podemos considerar que Schicchi sea malo pues el objetivo principal es conseguir una buena dote para su hija para que se pueda casar con el hombre al que ella ama. Esa mezcla entre un padre tierno y un pícaro de playa (o de ciudad más bien) es lo que hace que esta obra sea entrañable y haga sacar una sonrisa al público.

A nivel musical, la obra es prácticamente un recitativo continuo salvo los puntuales números musicales que ya he comentado antes y donde una vez más Puccini nos brinda su buen hacer en elaborar melodías que se nos metan en la cabeza. Precisamente, por ser la más novedosa de toda la carrera del compositor, es la que más llamó la atención al público de entonces y sigue llamando la atención ahora. Cabe señalar que Schicchi no es la primera ópera que firma Puccini con final feliz, ya que la primera fue La Fanciulla del West. Pero eso es otra historia que algún día os contaré.

Conclusión.

Habiendo ya comentado las obras por separado, vemos que El tríptico es una obra que tiene su propia identidad y que quizás habría que verla más a menudo en los escenarios tal y como fue concebida que dividida en piezas o formando parte de otras óperas cortas. El gran problema es el elevado coste de producción, ya que las tres óperas tienen un elevado número de personajes y algunos son muy dispares a nivel vocal y además cada una exige un equipo de cantates diferentes, aunque en algunos casos sobre todo en los secundarios, se pueden desdoblar reduciendo así el coste. Y a nivel escenográfico, los temas son bastante atemporales (quizás Suor Angelica menos) pero las otras dos se pueden trasladar a la época actual sin problemas, como suele pasar habitualmente con Schicchi

De esta serie de óperas aprendemos varias cosas:

- Los padres por la felicidad de sus hijos están dispuesto a hacer cualquier cosa.
- Enrollarte con la mujer de otro siempre va a traer consecuencias negativas.
- La sociedad, a veces, puede llegar a ser muy cruel.

GRABACIONES 

CD


Actualmente las ediciones que existen del Tríptico son las económicas, lo que significa que no vienen con el libreto y te lo tienes que descargar en formato pdf. Un rollo, vaya. No es la más nueva, pero ésta goza con el barítono Tito Gobi, de quien tengo un buen recuerdo de su Scarpia en su grabación de Tosca con María Callas así como la española Victoria de los Ángeles en los papeles de Angelica y Lauretta. El sonido es bueno y salvo eso, que no tiene libreto es una opción apañada. 

DVD
 No tengo ninguna queja al respecto con esta serie. Una caja con las tres óperas cada una en su dvd correspondiente que presentan una puesta en escena moderna, pero totalmente respetuosa con la obra y coherente. Pappano dirige correctamente, el equipo de cantantes hacen bien su trabajo no sólo cantando sino también actuando (bastante conmovedora Ermonela Jaho en Suor Angelica)y el barítono que se desdobla en Michelle y en Schicchi, Lucio Gallo demuestra ser un gran actor. No hay muchas opciones de ver las tres óperas.

Este dvd en concreto no lo tengo, pero la representación la trasmitieron por televisión y pude verla. Personalmente, no me pareció para tirar cohetes, porque no respetaron el final original de Puccini, sino que en este montaje, termina con la muerte de Schicchi asesinado por uno de los Donati, final que no cuadra en absoluto con el espíritu cómico de la obra. Quitando eso, la puesta en escena es curiosa y bueno, está Plácido Domingo así que quizás por él ya valga la pena. Aunque antes de adquirirlo, recomendaría ver el ciclo entero y si una vez lo hayáis hecho, ésta es la ópera que más os gustó de las tres, entonces podéis plantearos comprar sólo este título.

Dejamos las miserias humanas a un lado y para la próxima entrega volveré con Rossini que hace un huevo de tiempo que no comento nada de él, con la historia de una pobre muchacha víctima del desprecio de su padrastro y sus hermanastras que la obligan a hacer todas las faenas de la casa sin contrato, sin Seguridad Social y encima tampoco se dignan a pagarle en negro. Un drama, vamos. Pero tranquilos, al final la bondad siempre triunfa.

Nos vemos.

martes, 11 de septiembre de 2018

Como la vida misma: El tríptico, de Puccini I


Cada ser humano tiene su propia historia, algunas son alegres, otras no tanto. Y a veces según las circunstancias, el destino nos hace actuar de una manera u otra. De eso y otras cosas va la ópera, o mejor dicho, óperas, de esta entrega.

El tríptico (Il trittico) es una serie de tres óperas en un acto con música de Giacomo Puccini y libreto de Giuseppe Adami y Giovacchino Forzano estrenada en el Metropolitan de Nueva York, el 14 de Diciembre de 1918.

Tiene una duración aproximada de 160 minutos (dos horas y cuarenta minutos)

BREVES DATOS HISTÓRICOS

Tras el éxito que tuvieron Mascagni con Cavalleria Rusticana y Leoncavallo con Pagliacci, Puccini también se animó a componer óperas cortas. No era su primera experiencia, pues su primera ópera, Le Villi, (Las Vilis) era una obra corta en un acto que luego en una posterior revisión pasó a tener dos, pero se trataba de una obra breve. La idea era presentar tres relatos que representaran las tres partes de la Divina Comedia de Dante: El infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Esa idea le vino en 1904 cuando en un viaje en tren, estaba leyendo ese libro y se le ocurrió que podría escoger tres pasajes de libro para esa representación, aunque al final sólo escogería uno, siendo los otros dos temas totalmente dispares.

Para el Infierno, Puccini compuso una obra basándose en una obra de teatro francesa La houppelande de Didier Gold. Esa obra, pasaría a llamarse Il Tabarro (El Tabardo) y sería la primera ópera de las tres en componerse, encargándose del libreto el escritor Giuseppe Adammi y comenzando la composición en el verano de 1913, pero teniendo que interrumpir el trabajo por un encargo que le surgió de un teatro vienés. Esa obra, sería la desconocida, La rondine (La golondrina) y quizás algún día os hablaré de ella.

Cuando ya la terminó, volvió a dedicarse de pleno a su serie de tres óperas. Terminó la primera ópera en noviembre de 1916. Para las otras dos, recurrió al escritor Giovaccino Forzano, quien le presentó dos temas para representar el Purgatorio: un drama original que se desarrolla en un convento de monjas: Suor Angelica, y una obra cómica basada en un pasaje de la Divina Comedia de Dante: Gianni Schicchi. Terminó la segunda en septiembre de 1917 y la última en abril de 1918. En un principio, las tres obras se iban a representar en Roma, pero como ya había estallado la Gran Guerra (La I Guerra Mundial) Puccini se llevó su espectáculo a Nueva York.

La acogida fue regulera. A la gente le gustó mucho Gianni Schicchi, pero las otras dos no entusiasmaron mucho. Pese a que la intención original del compositor era que la tres se representaran juntas, actualmente no se hace así y se suelen combinar con otras obras de otros compositores,  De las tres, sin duda Gianni Schichi es la más recordada y es también la única ópera bufa o cómica que Puccini escribió en su vida.

ARGUMENTO

INFIERNO: IL TABARRO (EL TABARDO) 
Una barcaza atracada en un muelle del Sena en París, a principios del siglo XX

La traducción literal de "tabarro" sería tabardo, pero en español no es el tipo de prende que hace alusión a la obra, en realidad sería más bien capote.

Michelle (barítono) es el jefe de una banda de estibadores y vive con su mujer, Giorgetta, (soprano lírica spinto) en una barcaza.  Contempla la puesta de sol, mientras los demás están terminando de trabajar.  Giorgetta ofrece un vaso de vino a sus compañeros, Tinca (tenor), Talpa (barítono) y Luigi (tenor lírico spinto). Para divertirse un poco, Luigi pide a un músico callejero que toque un vals y lo baila con Giorgetta. Por su parte, Michelle ve la escena y siente celos.

Entre tanto llega la mujer de Talpa, Frugola (mezzosoprano) y cuenta cómo le ha ido rebuscando cosas útiles en la basura de las calles de París. Luego comenta que su máxima ilusión sería irse a vivir a una casa en el campo.

 

Giorgetta, recuerda su infancia en Belleville, de donde también es Luigi.  El resto de los estibadores se van, pero Luigi logra quedarse a solas con Giorgetta. Intenta intimar con ella, aunque no le da mucho tiempo porque viene Michelle. Luigi le dice que quiere dejar el trabajo, pero que se quedará con él hasta que lleguen a Ruán, aunque Michelle le dice que no es muy buena idea.

 

Se va y se queda la pareja sola, momento en el cual Luigi le confiesa su amor a Giorgetta y su deseo de no querer más compartirla con Michelle y ésta le corresponde. Ambos deciden escapar juntos y acuerdan que esa misma noche, cuando ella le avise encendiendo una cerilla, él irá a buscarla.

Luigi se va y entra Michelle, quien intenta hablar con su mujer. Le recuerda lo felices que eran cuando ella y su pequeño hijo se calentaban junto a él con su gran capote o tabardo, pero ella no quiere que le recuerde a su hijo muerto. Se va hacia la cabina y Michelle solo llega a la conclusión de que su esposa le es infiel.

 

Sospecha de Luigi, pero no tiene muy claro que eso sea cierto así que se enciende su pipa para pensar en cómo descubrirlo. Luigi piensa que esa es la señal de Giorgetta y va a su encuentro. Entonces, Michelle se da cuenta de que sus sospechas eran ciertas. Le ataca y en la trifulca Luigi se lo confirma, mientras muere estrangulado por Michelle.  Esconde el cadáver en su tabardo (más bien en su capote).

Vuelve Giorgetta y se disculpa con su marido por haber sido tan borde con él. Le pide si se puede acurrucar junto a su capote y éste asiente, revelándole así el cadáver de Luigi.

PURGATORIO: SUOR ANGELICA (SOR ANGÉLICA)
Un convento de monjas cerca de Siena, a mediados del Siglo XVIII

Amanece en el convento y el día transcurre con normalidad. Un grupo de monjas está rezando el Ave María y tras terminar, se reunen en el patio para una reunión. La Celadora (mezzosoprano) echa una charla a un grupo de novicias por haber faltado a los oficios, excusando a una monja que también lo ha hecho, Sor Angélica porque ella ha hecho plena penitencia. También llaman la atención a otra monja por haber hecho reír y reírse en los oficios y a otra por haberse guardado rosas rojas.

Entre tanto, hoy es un día especial porque la luz del sol brilla sobre la fuente y el agua adquiere un color dorado. Las monjas sugieren que podrían lavar la tumba de la hermana Bianca, ya que también hace un par de años que falleció. Posteriormente, algunas monjas hablan de las cosas que desean y también le preguntan a Sor Angélica (soprano lírica), quien afirma que no desea nada.  El resto de las monjas no se lo creen y hablan de ella, pues al parecer Angélica ingresó en el convento a modo de castigo por haber mantenido una relación extramatrimonial de la cual tuvo un hijo. Han pasado siete años desde entonces y la pobre no ha tenido noticias de su familia.

Entra la Hermana Enfermera y le pide a Sor Angélica que elabore una pomada para una hermana que ha sufrido una picadura. De hecho es la especialidad de la monja. De pronto vienen otras monjas con provisiones y anuncian que hay un carruaje muy lujoso aparcado en la puerta. Parece que alguien va a recibir una visita en el locutorio. Entra la Abadesa y le dice a Sor Angélica que han venido a visitarla.

Nerviosa, Sor Angélica se dirige al locutorio y allí se encuentra con su tía la Princesa (contralto). Sin mostrarle el más mínimo afecto, le dice que ha venido a verla para que le firme un documento por el cual renuncia a la posesión de su herencia en favor de su hermana menor, la cual va a casarse.

 

Le sigue echando en cara su pecado por haber tenido esa relación prohibida, a lo que la monja le responde que ya lo está expiando y le pregunta por su pequeño. De una forma muy fría y desagradable le dice que el niño hace dos años que se murió por una fiebre. Sor Angélica firma el documento y la tía se va.


Sola, Sor Angélica llora desconsoladamente la muerte de su hijo. Reza y cree haber oído a su hijo que la llama para reunirse con ella en el Paraíso.

 

Así, se prepara un veneno para ir con él. Sin embargo después de tomárselo se arrepiente enormemente, pues se ha dado cuenta que se está suicidando y está en pecado mortal. Desesperada, ruega a la Virgen que también ha sido Madre, por el perdón. Mientras agoniza, ve como la misma Virgen María viene a verla con un niño en brazos, ¡su hijo! Con esa visión, Sor Angélica muere, mientras se oye al fondo a sus hermanas cantando alabanzas a la Virgen.

PARAÍSO: GIANNI SCHICCHI
Dormitorio de la casa de Buoso Donati, en Florencia en el siglo XIV

¡Pobre Buoso! Era tan joven, 85 años nada más. Con lo que lo queríamos. Así se lamentan los parientes de Buoso Donati, un rico hacendado devoto de la Virgen del Puño Cerrado. Se han reunido todos, y hay algunos que lo llorarán más que otros.

Sin embargo uno de los parientes, ha oído que el día que muera el buen Buoso quien más se va alegrar va a ser los frailes, pues al parecer el viejo ha dejado toda su fortuna a ellos.  Los parientes se empiezan a ponerse nerviosos y uno de ellos, el primo Simón, (bajo) afirma que si el testamento lo tiene el notario no hay nada que hacer, pero si aún está en la casa quizás se puede hacer algo.

Todos como locos ponen la casa patas arriba buscando el puñetero testamento. Lo encuentra finalmente el joven Rinuccio, el hijo de otra de prima (tenor lírico) y ve así una oportunidad para poder por fin casarse con su novia, Lauretta, la hija del campesino Gianni Schicchi. Pide a Gerardito (contralto) que vayan a buscarlos.La familia lee el testamento y se confirman sus peores sospechas. El viejo ha dejado toda su fortuna a los frailes.

 

Rinuccio propone que llamen a Schicchi para que los ayude, ya que el hombre es muy astuto. A su madre, Zita (contralto), no le gusta ese hombre porque es un simple campesino, pero al final acepta.

Llega Schicchi (barítono) con Lauretta (soprano lírica) Zita no está de acuerdo con la relación de Lauretta con su hijo, ya que la chica no tiene dote, así que Schicchi rechaza ayudar a los Donati.

 

Cuando está a punto de irse, su hija Lauretta lo convence amenazándole con tirarse al río si no se casa con Rinuccio. Conmovido, Schicchi acepta y observa el testamento. Al parecer no hay nada que hacer.

De pronto llaman a la puerta. Antes de abrir, Schicchi ordena que no enciendan las luces. Se esconde y cuando abren la puerta, Schicchi comienza a hablar con la voz del viejo Buoso, engañando así al médico. Lo convence de que está mejor y se va. Al ver que ha funcionado, y sabiendo que aún nadie sabe que Buoso ha fallecido, propone el siguiente plan: Anular el testamento y hacer uno nuevo y para ello se hará pasar por el viejo. Todos estallan de alegría y se ponen de acuerdo en repartirse las cosas a partes iguales; salvo las tres de más valor: La mula, la casa y los molinos de Signa.



Se escuchan unas campanas y piensan que ya la gente se ha enterado de la muerte de Buoso, pero es falsa alarma. Como nadie se pone de acuerdo sobre cómo repartir lo que queda, deciden que lo haga Schicchi. Ésta les recuerda que a partir de ese momento, han de guardar silencio ya que según la ley florentina, la pena por la suplantación de identidad es el amputación de una mano y el exilio. Todos repiten el juramento y antes de que Schicchi se ponga manos a la obra, cada uno se acerca a él y trata de sobornarlo con dinero para así obtener la mula la casa y los molinos.

Entra el notario y empieza la representación. Schicchi, con la voz de Buoso, anula el testamento y redacta el nuevo. Todo está saliendo tal y como espera los Donati, pero cuando llega la hora de repartir, la casa, los molinos de Signa y la mula... pues mira tú por dónde que todo va a parar para el buen amigo Gianni Schicchi.  Indignados, los Donati no pueden reclamar. El notario valida el nuevo testamento y se va.

Furiosos, los Donati llaman ladrón a Schicchi, quien los echa ahora de su casa. Los Donati se van, no si antes llevándose todo lo que pueden de la casa como botín. Bueno, no todos. Rinuccio podrá por fin casarse con Lauretta el primero de mayo ahora que la chica tiene dote.



Se van  y se queda Schicchi solo. Nos dice que por este timo, Dante lo condenó al infierno pero aún así no le importa porque cree que el dinero de Buoso ha estado bien empleado. Y bueno, y si os ha gustado la obra siempre podéis despedirle con un gran aplauso.